domingo, 6 de noviembre de 2011

LA EVANGELIZACIÓN EN TABASCO EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVI

            Este trabajo que se presenta corresponde a una investigación más extensa sobre el desarrollo histórico de la evangelización y los principales actores y gestores de la misma, tanto en la provincia de Tabasco como fuera de ella, al mismo tiempo la consolidación de los fundamentos jurídicos para la implantación de un sistema eclesiástico que otorgue el poder y la fuerza pública en todos los niveles de la sociedad. Esta ponencia pone de manifiesto los pasos perdidos que hoy toman el rumbo para develarnos no solamente quienes fueron los evangelizadores, sino también las propuestas pastorales que sembraron entre los tabasqueños en segundo cuarto del siglo XVI.
Una aproximación a la cuestión general…
            Con el recibimiento de las bulas Alejandrinas del 3 y 4 de mayo de 1493, los Reyes Católicos comenzarán con una nueva era de dominación política a través de un elemento fundamental en la sociedad castellana de la época: la evangelización.[1] El papa Alejandro VI, dotó a los católicos monarcas Isabel y Fernando de facultades jurídico políticas que a lo largo de tiempo fueron transformándose en lo que sería el Real Patronato Indiano. Estas facultades, no obstante, no nacieron de un corpus primario jurídico, sino de la interpretación teológica de las escuelas y universidades patentes de finales del siglo XV y principios del XVI.
            Las grandes empresas “descubridoras” manifestaron el deseo de llevar a los religiosos de las órdenes mendicantes a cumplir con su misión, ésta es, la extensión del Reino de Dios por medio de la palabra, la obra y el ejemplo. En este sentido, los frailes fueron la avanzada para el sometimiento de los pueblos aborígenes-indígenas de un Nuevo Mundo del cual no se tenía referencia cierta, situación que al mismo tiempo significó toda una estrategia política para imponer un sistema social no tan alejado de la herencia medieval.[2]
            Al mismo tiempo, el Reino Unificado de España, internamente salía de una situación realmente penosa, la expulsión de los moros, que eran los habitantes musulmanes asentados en el territorio desde hacía varios siglos, proceso que duró casi un siglo de luchas, pactos y capitulaciones. La evangelización recobró auge al gran sentido espiritual medieval en el que estaban imbuidos los pueblos españoles, sobre todo en el establecimiento de la Iglesia católica y la conversión muchas veces obligatoria de los evangelizados. En América supuso este mismo traslado con los aborígenes-indígenas, con las mismas facultades y con el apoyo de la corona.[3]
Supuesta imagen de Santa María de la Victoria que se venera en Villahermosa.
            En su testamento la reina Isabel, destacó la importancia de “… procurar inducir y traer los pueblos de ellas y los convertir a nuestra Santa Fe Católica…que éste sea su principal fin y en ello pongan mucha diligencia,…[4] para una consolidación del terreno que por mandato Apostólico había sido donado no sólo a la corona, sino a la institución que ella representaba y a su pueblo español con las condiciones emanadas del derecho y conforme a las directrices de la Iglesia.
            Con estas bases, la misión americana cobró un sentido único en la triada de sometimiento-evangelización-dominación. La presencia de los frailes se notó con las primeras excursiones, así vemos al almirante Cristóbal Colón embarcado en 1492 con varios frailes franciscanos e inclusive un jerónimo pero no con el plan de evangelización, sino de capellanes para los servicios religiosos a los marineros. Ya posteriormente en los siguientes viajes el flujo de religiosos será más importante, sobre todo para atender las primeras islas encontradas en la navegación. Cuando el asentamiento de Cuba se convirtió en faro para las expediciones a Mesoamérica, las fundaciones mendicantes entre franciscanos y dominicos acaparaban el dominio territorial y espiritual de las islas descubiertas.[5]
            En la segunda expedición salida de Cuba a Mesoamérica en 1518, Juan de Grijalva llevó a un clérigo como capellán llamado Juan Díaz, tocaron por primera vez lo que sería la península de Yucatán y se oficio la misa en varios lugares. Con el capitán Hernán Cortés, regresa nuevamente en 1519 el capellán Díaz, pero ahora acompañado de fray Bartolomé de Olmedo, de la orden de Nuestra Señora de la Merced, la labor a las que fueron destinados consistieron en la asistencia de los marines y a bautizar explicando el catecismo a los caciques. Estos personajes fueron los primeros en tocar el suelo tabasqueño en calidad de ministros del evangelio.[6]
Retablo no terminado en el museo del ex convento de Oxolotán, Tabasco.
            Con la entrada de Cortés a Altiplano mesoamericano, inicia una serie de conquistas y sometimientos a los pueblos que a su paso se van encontrando, muchos de los cuales se unen contra los mexicas que tenían dominado una basta región de influencia económica, política y que al mismo tiempo compartían similitudes en materia de religión. En este contexto, Cortés se siente llamado a convertirse en el Apóstol que ve una basto territorio donde plantar la imagen de la Cruz y bajo esa lógica pide a la corona el envío de los primeros misioneros que llegan en 1523, los franciscanos Juan de Tecto, Juan de Aora y Pedro de Gante serán los pioneros en esta labor, asentándose en lo que será la ciudad de México, hasta el 13 de agosto de 1521, la gran Tenochtitlan.
            Un año después, en 1524, arriban los 12 franciscanos al mando del cual estará el padre fray Martín de Valencia y que se encargarán de recorrer todo el territorio mesoamericano que se denominará Nueva España para entregarse a la evangelización, entre estos 12, habrán algunos que se preocuparán efectivamente por que una región de la Nueva España sea evangelizada y sometida a la corona, la provincia de Tabasco.
Tabasco en el umbral del Evangelio…
            Ya se había dicho que Cortés había llegado a las costas de Tabasco en marzo de 1519, a un pueblo indígena llamado Potonchán, cerca del cual se celebró la primera misa cantada por el padre fray Bartolomé de Olmedo acompañado del clérigo Juan Díaz dando lugar al mismo tiempo al bautismo de varias doncellas, entre ellas la famosa Marina. Sobre este acontecimiento bautismal y la incipiente evangelización, dirá el Obispo fray Bartolomé de las Casas, OP años más tarde que “…ni los indios le entendían, ni ellos a los indios y en siete u ocho días que allí estuvieron ¿cómo les podían entender los misterios de la fe?”.[7] Esta acusación desde nuestro punto de vista resulta completamente lógica, la evangelización es un proceso continuo de enseñanza, formación y catequesis, no la simpleza de imponer a la fuerza una fe por medio de la presión y la obligación.
            Es importante destacar que Cortés dejó la imagen de la Virgen María de la Conquista en la población que se denominó Santa María de la Victoria, pero si tomamos en cuenta lo que muchos historiadores defienden, que el capitán no dejó colonización de estas tierras hasta que Vallecillo funda oficialmente la Villa de la Victoria en 1525, la interrogante es ¿podrían los indios rendir culto a la Virgen en la religión católica, si como dice Las Casas, no fueron evangelizados correctamente? Opino que tuvieron que quedarse algunos soldados a mantener el orden en Potonchán y sobre todo para construir una pequeña capilla en honor de la Virgen, porque los indios volverían, luego de marcharse, a sus idolatrías y serían inclusive capaces de destruir hasta la imagen.
            La siguiente etapa, lo constituye indudablemente el paso de Cortés hacia las Hibueras, no me detengo en detallar sobre este hecho, pero puntualizo que no venía solo, es bien sabido que venían con él los padres fray Juan de Tecto y fray Juan de Ahora, que desafortunadamente perecieron en el camino por la región de Acalán y según el recorrido pasaron por la provincia de Tabasco, la labor de evangelización no fue completa ni compleja, el paso fue rápido, las marchas fueron forzadas, especialmente porque transportaban a Moctezuma, pero que por obvias razones únicamente se dedicaron al servicio de capellanía con los soldados españoles.[8]
            Ante una verdadera necesidad de impulsar la evangelización en toda la Nueva España, principalmente en las provincias alejadas del centro, se organizaron pequeños grupos de misiones, que sin duda, fueron el alcance más efectivo ante el proceso de sometimiento que vivieron los indígenas de la provincia de Tabasco, sobre todo en la recuperación de territorio que volvieron a sublevarse. La inminente llegada de Francisco de Montejo “el Mozo”, propició una cierta estabilidad para el desarrollo de la labor pastoral religiosa, bajo su protección se fundan las primeras capillas en la provincia y establece algunos clérigos que las atiendan, uno de los cuales era Juan Rodríguez de Caraveo, pero que desafortunadamente la historia no nos ha legado los nombres de muchos de ellos.[9]
Ex convento de Oxolotán, Tacotalpa, Tabasco.
            Los franciscanos desde México-Tenochtitlan organizaron las primeras misiones que se encargaron de promover la catequesis y el establecimiento de las primitivas comunidades católicas por medio de las parroquias, según el sistema de los franciscanos, primero era necesario realizar las casas de conversión, antecedentes directos de las parroquias; es preciso recordar que en jurisdicción eclesiástica Tabasco pertenecía al Obispado de Tlaxcala desde su fundación en 1525 y en lo misional a la Provincia del Santo Evangelio de la orden franciscana.[10]
El intento frustrado…
Pintura de Fray Pedro Lorenzo de la Nada, evangelizador en Tabasco.
            Hacia 1537, el adelantado Montejo pidió a los franciscanos organizar una misión pacífica, con la cual tenía plena intención de llegar hasta Yucatán. El que estaría al frente de este grupo, sería el padre fray Jacobo de Tastera que con otros cuatro frailes se encargarían de llevar a cabo la petición mencionada por orden del superior fray Antonio de Ciudad Rodrigo donde predicaron en Guazacualco y un poblado de españoles llamado Puitel, nombre que le da a la villa de Santa María de la Victoria,[11] sin embargo, tuvieron serios problemas con 30 españoles residentes y expulsos, situación que valió para vengarse y devolver a los indios los ídolos incitándolos a idolatrar nuevamente, cambiándolos por mujeres, luego de dos años de estancia y profunda labor pastoral quedaban nuevamente como al principio. Fray Jacobo prefirió la salida de Tabasco a una confrontación con los españoles, pero antes escribió una relación al superior Ciudad Rodrigo que también se quejó ante el Virrey y éste ante el emperador Carlos V por los penosos impedimentos con que se habían topado los frailes en la provincia de Tabasco.[12]
            En esta situación, no solamente los frailes franciscanos ocupaban un puesto determinante en la evangelización, los clérigos también estaban situándose en una posición inferior pero permanente, en el siglo XVI, los clérigos estaban bajo la jurisdicción primero de Tlaxcala, pero luego pasaron a las órdenes del Obispado de Chiapas cuando éste se funda y por obvias razones la provincia de Tabasco pasa a estar sujeta a esta jurisdicción, la muestra más contundente es la presencia en la capilla de Santa María de la Victoria del clérigo Francisco Martín que celebraba regularmente desde 1542.[13]
            Ya para principios de 1545, los dominicos comienzan a tomar posesión de un nuevo terreno, la provincia de Chiapa. Con la llegada del segundo obispo y primero efectivo que toma posesión de la sede, fray Bartolomé de las Casas, vienen con él toda una comitiva de frailes dominicos que pasan por la provincia de Tabasco y realizan un labor evangelizadora en diversos pueblos, principalmente los que cruzan por el río Grijalva, bajando por el río de la Sierra, de los frailes que venían muchos se habían ahogado en la travesía del puerto de Campeche a la villa de Tabasco, no pasarían menos penas por las condiciones del terreno tabasqueño. Al arribar los frailes a la villa, se encontraron “…una Yglesia como la de Campeche…”, dándose cuenta inmediatamente la poca persistencia que existe en la evangelización, notándose claramente que los españoles solamente iban a hacerse caudal para regresar a España. La comitiva se había separado en dos bandos, el primer grupo estaba conformado por el Obispo y otros frailes y el segundo por fray Tomás de la Torre con otro número igual, atravesaron los pueblos de Santa María de la Victoria, Tlacotalpa, Teapa, Tecomaxiaca e Ystapangajoya.[14] Es notorio saber que el Obispo Las Casas se encontró al llegar a la villa de Tabasco con “…dos frailes franciscanos que se ivan a España…”, el prelado les rogó que continuaran con su labor, pero éstos estaban resueltos a irse, no obstante, el Obispo les profetizó que si salían de la provincia nunca llegarían a España, sobre todo porque “…le negaban la misericordia a los indios…”.[15] Este paso duró solamente algunas semanas.
            A pesar de tener una seria documentación sobre la labor de algunos frailes y las crónicas históricas sobre el paso de diversos misioneros, desafortunadamente no son abundante los datos ciertos con que se cuentan los procesos de muchas misiones en la provincia. Por ejemplo, en 1550, el franciscano fray Diego de Béjar, que misionaba en tierras del Acalán que corresponde a los actuales municipios de Tenosique y Balancán, tuvo el apoyo de los mismo indios conversos para delatar a los demás indios idólatras y así destruir las imágenes de piedra de sus dioses. 8 años más tarde, el sucesor de Las Casas, el Obispo fray Tomás Casillas, OP constató la poca evangelización habida en la provincia, al realizar su visita pastoral notó que en las iglesias construidas con materiales propios de la región carecían de ornamentos y los indios eran ignorantes de la doctrina cristiana.[16]
Reflexión final…
Esta primera mitad del siglo XVI, tenemos que bajo el pretexto de evangelización hubieron intereses políticos y económicos, muchos frailes cooperaron con el gobierno virreinal para someter a los indios a la corona, pero también es cierto que muchos fueron leales a sus conciencias y lucharon por defender a los indígenas de la explotación, resulta sorprendente enterarse de muchas situaciones penosas que los propios frailes pasaron para plantar el árbol de la Cruz en Tabasco y de esta manera cumplir con la misión que se les había encomendado. Esta primera base, será el descontento general que reinará durante los siglos de dominación española y los dos siguientes siglos subsecuentes manifestándose en el poco arraigo de fe existente en muchos pueblos donde el sincretismo religioso es totalmente predominante.


[1] Para detalles sobre las interpretaciones jurídico-teológicas de las Bulas Alejandrinas véase a Ismael Sánchez Bella: Las bulas de 1493 en el derecho indiano en Anuario de Historia del Derecho, Madrid, 1994, págs. 371-388; C. Alberto Roca: De las bulas alejandrinas al nuevo orden político americano en ibídem, págs. 329-369; Paulino Castañeda: La interpretación teocrática de las bulas alejandrinas en ibídem, págs. 19-59.
[2] José María Muriá: La conquista de México en Gisela von Wobeser: Historia de México. Fondo de Cultura Económica, Secretaría de Educación Pública y Academia Mexicana de la Historia. México, 2010, pág. 84.
[3] Ibídem, pág. 89.
[4] Ismael Sánchez Bella: op. cit., pág. 372-373.
[5] Antonio Núñez Jiménez: Cristóbal Colón en Cuba. Gobierno del Estado de Tabasco. Villahermosa, Tabasco, 1994, pág. 61.
[6] Fray Francisco de Pareja: Crónica de la Provincia de la Visitación de Nuestra Señora de la Merced redención de cautivos de la Nueva España. Imprenta de J. R. Barbedillo y Co. México, 1882. Estado Primero, Capítulos I-XX, págs.1 -164; Ana Luisa Izquierdo y de la Cueva: Tabasco: parteaguas del descubrimiento y conquista de México en Arqueología Mexicana. Vol. XI, no. 61, mayo-junio. México, 2003, págs. 53-57; Fray Diego López de Cogolludo: Los tres siglos de la dominación española en Yucatán, o sea historia de esta provincia, desde la conquista hasta la independencia en Manuel González Calzada: De cómo vieron y contaron los Cronistas de Indias el descubrimiento y conquista de Tabasco. Consejo Editorial del Gobierno del Estado de Tabasco. México, 1981, págs. 356-358.
[7] Samuel Rico Medina: Los predicamentos de la fe. La inquisición en Tabasco 1567-1811. Gobierno del Estado de Tabasco. Villahermosa, Tabasco, 1990, pág. 46.
[8] Vicente de Paul Andrade: Fray Juan de Tecto (su muerte). Tipología de la Misericordia Cristiana. Puebla, 1896, págs. 6-15. Samuel Rico Medina: ibídem.
[9] Ibídem.
[10] Crescencio Carrillo y Ancona: El Obispado de Yucatán. Historia de su fundación y de sus obispos desde el siglo XVI hasta el XIX seguida de las Constituciones Sinodales de la Diócesis y otros documentos relativos. Tomo I. Imp. y Lit. de Ricardo B. Caballero. Mérida de Yucatán, 1892, pág. 52. Samuel Rico Medina: ibídem.
[11] Fray Francisco Morales Valerio: Fray Jacobo de Tastera (1490?-1542). Un notable misionero en Tabasco en Arqueología Mexicana: op. cit., pág. 59; Fray Fidel de Jesús Chauvet: Fray Jacobo de Tastera, misionero y civilizador del siglo XVI en Estudios de Historia Novohispana. Vol. 3. IIH – UNAM. México, 1970, págs. 18-24; Fray Bartolomé de las Casas: Breve relación de la destrucción de las Indias. Impresa en Sevilla. 1821, págs. 83-87.
[12] Fray Jerónimo de Mendieta: Historia eclesiástica indiana. Antigua Librería. México, 1870. Libro V, Capítulo XLII, págs. 665-666. Fray Francisco Morales Valerio: ibídem.
[13] José Gerardo Herrera Alcalá: Obispado en Chiapas. Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica. México, 2005, pág. 3.
[14] Fray Tomás de la Torre: Desde Salamanca, España hasta Ciudad Real, Chiapas: diario de viaje, 1544-1545 en Ciprián Aurelio Cabrera Bernat: Viajeros en Tabasco. Tomo I. Colección Independencia Nacional. Gobierno del Estado de Tabasco. México, 2011, págs. 194-206.
[15] Ibídem, pág. 197.
[16] Samuel Rico Medina: op. cit., pág. 49.